Una reforma integral puede empezar con un presupuesto que parece estar bastante claro y terminar costando mucho más de lo previsto.
A veces ocurre porque aparecen problemas que no podían conocerse antes de empezar. Eso forma parte de cualquier obra.
Pero otras veces el aumento del presupuesto se produce por decisiones que se podrían haber previsto desde el principio.
Cambiar la distribución a mitad de la obra, elegir materiales sin haber definido el presupuesto o empezar a demoler sin tener claro qué se va a hacer después son algunos ejemplos.
Vamos a ver siete errores bastante habituales que pueden encarecer una reforma integral.
1. Empezar la obra sin tener bien definida la reforma
Este es probablemente uno de los problemas que más cambios genera durante una obra.
Antes de empezar conviene tener bastante claro qué se quiere hacer con la vivienda. No hace falta tener elegido hasta el último mecanismo eléctrico, pero sí debería estar definida la distribución, qué instalaciones se van a renovar, qué elementos se mantienen y qué acabados se han previsto.
Si durante la obra empiezan a cambiarse decisiones constantemente, el presupuesto también empieza a cambiar.
Un tabique que inicialmente se iba a mantener se decide tirar. Después se descubre que hay que modificar una instalación. Se cambia la posición de una puerta. Se decide mover la cocina.
Cada cambio puede parecer pequeño por separado.
El problema aparece cuando se acumulan.
2. Comparar presupuestos únicamente por el precio final
Es muy tentador quedarse con el presupuesto más barato.
Si una empresa ofrece hacer la misma reforma por 50.000 € y otra por 65.000 €, la diferencia parece evidente.
Pero antes habría que comprobar si realmente están presupuestando lo mismo.
Puede haber diferencias en los materiales, en las instalaciones incluidas, en las carpinterías, en los sanitarios, en la cantidad de puntos eléctricos o incluso en trabajos que directamente no aparecen en uno de los presupuestos.
Por eso un presupuesto de reforma debería estar suficientemente desglosado.
No es lo mismo leer “instalación eléctrica completa” que saber qué mecanismos, puntos de luz, cuadro eléctrico y trabajos están incluidos.
Lo mismo ocurre con la cocina, los baños, las ventanas o los pavimentos.
Un presupuesto barato no siempre es una reforma barata.
3. Elegir los materiales después de empezar la obra
Este error puede afectar bastante al presupuesto.
Si todavía no sabemos qué suelo queremos, qué azulejo vamos a colocar, qué puertas tendrá la vivienda o qué tipo de encimera queremos para la cocina, resulta complicado tener controlado el coste final.
Además, durante una obra las decisiones se toman con más prisa.
Y cuando hay que elegir algo deprisa es fácil acabar escogiendo un producto diferente al que habíamos pensado inicialmente.
No hace falta tener comprado todo antes de empezar, pero sí conviene tener definidas las partidas que más peso van a tener en el presupuesto.
El suelo es un buen ejemplo.
No es lo mismo calcular una reforma utilizando un porcelánico de 20 €/m² que otro de 50 €/m². En una vivienda de 80 m², la diferencia únicamente en el material puede ser considerable.
4. Cambiar la distribución cuando la obra ya ha empezado
Modificar la distribución antes de empezar una reforma es una cosa.
Modificarla cuando ya se han levantado tabiques, se han pasado instalaciones y se han empezado los revestimientos es otra muy diferente.
Imagina que inicialmente la cocina iba en una posición y durante la obra decides trasladarla al otro lado de la vivienda.
No solo hay que mover los muebles.
También habrá que estudiar nuevamente electricidad, fontanería, desagües, iluminación, ventilación y posiblemente parte de los techos o paredes.
Lo mismo ocurre con un baño.
Mover un sanitario unos centímetros puede ser sencillo en determinadas situaciones. Trasladar un baño completo a otra zona de la vivienda puede implicar bastantes más trabajos.
Por eso es mejor tomar estas decisiones antes de empezar.
5. No contar con el estado real de las instalaciones
En viviendas antiguas, este punto merece especial atención.
Desde fuera podemos ver una vivienda aparentemente en buen estado. Pero cuando se abren paredes o techos pueden aparecer instalaciones antiguas, tuberías deterioradas o elementos que necesitan ser sustituidos.
Esto no siempre significa que el presupuesto inicial estuviera mal hecho.
Hay cosas que sencillamente no se pueden comprobar hasta que se desmontan determinados elementos.
Lo que sí podemos hacer es revisar la vivienda antes de presupuestar y detectar todo aquello que sea visible.
También conviene que el presupuesto explique qué ocurre si aparece una circunstancia que no podía comprobarse antes de empezar.
Así se evitan muchas discusiones durante la obra.
6. Intentar ahorrar en trabajos que después habrá que volver a hacer
Hay partidas en las que merece la pena estudiar alternativas más económicas.
Pero también hay trabajos que, si se hacen mal, terminan generando un gasto mucho mayor.
La impermeabilización es un buen ejemplo.
Si durante una reforma se encuentra una terraza con problemas de humedad, solucionar únicamente la zona visible puede parecer una forma de ahorrar dinero.
Si la entrada de agua continúa, habrá que volver a intervenir.
Lo mismo puede ocurrir con determinadas instalaciones, soportes que no están correctamente preparados o trabajos que quedan ocultos después de colocar los acabados.
En una reforma hay cosas que después ya no se ven.
Eso no significa que tengan menos importancia.
7. No dejar margen para los imprevistos
Una reforma integral siempre tiene un componente que no podemos conocer completamente hasta que empieza la obra.
Especialmente en viviendas antiguas.
Puede aparecer un problema de humedad detrás de un revestimiento, un soporte en mal estado, una instalación que no estaba donde indicaban los planos o cualquier otra circunstancia que obligue a realizar un trabajo adicional.
Por eso no conviene gastar hasta el último euro del presupuesto disponible pensando que la obra no va a cambiar.
Tener un pequeño margen económico permite afrontar estos casos sin que cualquier imprevisto se convierta en un problema.
Y hay una diferencia importante entre un imprevisto real y un cambio decidido por el propietario durante la obra.
No son lo mismo.
Si durante la reforma decides cambiar el suelo por otro más caro, eso no es un imprevisto. Es una modificación del alcance de la obra y debería reflejarse como tal.
¿Cómo evitar que una reforma integral se encarezca?
No existe una forma de garantizar que una obra no tenga ningún cambio.
Sí podemos reducir bastante las sorpresas.
Lo primero es definir bien qué se quiere hacer antes de empezar. Después hay que preparar un presupuesto suficientemente detallado y comprobar qué incluye cada partida.
También conviene elegir con antelación los materiales que más afectan al precio y dejar claro cómo se gestionarán los posibles trabajos adicionales que aparezcan durante la obra.
Y, sobre todo, hay que distinguir entre una vivienda que necesita una reforma y una vivienda que necesita una intervención mucho más profunda de lo que parecía inicialmente.
Una visita previa permite detectar muchas cosas.
No todas.
Pero sí bastantes más que intentar calcular una reforma únicamente a partir de los metros cuadrados.
El presupuesto inicial no debería ser el final de la historia
Un buen presupuesto sirve para saber cuánto cuesta la reforma que se ha definido.
Después pueden aparecer circunstancias nuevas, pero también debería ser posible identificar de dónde viene cada modificación.
Si hay que realizar un trabajo que no estaba previsto, se explica. Si el propietario cambia un material, se modifica esa partida. Si aparece un problema que no podía conocerse antes de abrir una pared, se documenta y se plantea una solución.
Así es mucho más fácil mantener el control de la obra.
En Edifica y Rehabilita estudiamos la vivienda antes de preparar el presupuesto y desglosamos los trabajos que forman parte de la reforma. Cuando aparece una circunstancia que obliga a modificar lo previsto, se puede valorar y explicar antes de ejecutar el trabajo.
Porque una reforma no debería consistir en empezar con un precio y descubrir después, poco a poco, cuánto cuesta realmente.